
El dolor, la culpa, el sufrimiento, puede envenenar el alma, ser un tormento diario si nos encadenamos a él, si no permitimos perdonarnos y seguir con nuestras vidas.
“Reign Over Me”, presenta el caso de Charlie Fineman (Adam Sandler), un viudo cuya esposa e hijas fallecieron en uno de los aviones que se estrellaron en las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001.
Seis años más tarde, Charlie merodea las calles de Nueva York enajenado del mundo que lo rodea.
Sus días se dividen entre jugar videojuegos, tocar instrumentos musicales, ir de compras a las tiendas de discos y la constante remodelación de la cocina de su apartamento, todo con tal de mantener su mente ocupada y distanciada de las remembranzas de lo que alguna vez fue su vida familiar.
Un día, Charlie se topa con Alan Johnson (Don Cheadle), su ex compañero de habitación en la escuela de ortodoncia, quien inmediatamente siente un genuino interés por ayudarlo a salir de la depresión que lo agobia.
El camino a la rehabilitación emocional de Charlie no es fácil, ya que la mera mención de su pasado es suficiente para que se torne violento y se cubra sus oídos con un par de audífonos con música que lo alejan de su realidad.
Sin embargo, mientras Charlie vive encerrado en su sufrimiento, Alan busca salirse de sus propios problemas.

Su vida es plena desde el punto de vista material, pero es una existencia gris donde el amor y la pasión van siendo sustituidos por la costumbre y el afecto cotidianos.
Con el paso del tiempo y en la medida en que ambos van analizando sus vidas, terminan aprendiendo invaluables lecciones sobre el significado de la amistad y la redención.
Es un tema más que interesante, y una historia que ha sido muy bien explotada por Mike Binder en sus dos facetas: como guionista y realizador.

Pero, cuando piensen en esa relación y en ese tipo de personajes que hemos descrito, no crean que se trata de una película pesada, aburrida y para cerebros muy bien organizados.
Binder sabe distribuir estos instantes de comedia sofisticada de manera adecuada para que un tema tan profundo no resulte tan denso.
El guión logra equilibrar ambos géneros de una manera más que satisfactoria.
Contar una tragedia usando el humor para ir desmenuzando las penas es una técnica algo peligrosa, pues se puede caer fácilmente en la farsa.

Además, el cineasta consigue que el público se identifique con la amistad que existe entre los protagonistas, gracias en parte a la buena química que existe entre dos excelentes actores: Sandler y Cheadle.
Ambos histriones logran explorar un tema que pocas se veces se ve en el cine: la profundidad de la amistad entre adultos varones.
Desde luego, es otra oportunidad de ver a Adam Sandler en su faceta de “actor serio”, si bien no alcanza del todo los niveles mostrados en “Punch-drunk love”, es sin duda, de lo mejor que se le ha visto en su carrera.
La cinta hace alarde de un rico humor negro, además, pese al difícil tema que aborda, no busca dar algún aleccionamiento moralista, todo lo contrario, tal y como el atinado título en español lo sugiere, se trata que este par de protagonistas reaccionen y se den cuenta que lo que buscan, curiosamente está dentro de ellos mismos.
Es decir, la liberación, el cumplimiento de los anhelos viene de dentro, no de fuera.
El resultado final es una comedia entrañable, conmovedora, que invita al propio espectador a exorcizar sus demonios interiores, demostrando que ningún dolor, ningún sufrimiento puede ser superior al milagro de vivir.
La esperanza vive en mí
(Reign Over Me, Estados Unidos 2007)
Dirección y guión: Mike Binder
Música: Rolfe Kent
Fotografía: Russ T. Alsobrook
Con: Adam Sandler, Don Cheadle, Jada Pinkett Smith, Liv Tyler, Saffron Burrows, Donald Sutherland y Mike Binder
Duración: 124 minutos
Distribución en México: Columbia Pictures
















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