La ópera prima de Fernando Lebrija que se calcula costó dos y medio millones de dólares, narra la historia de Alejandro, un niño bien que se ve obligado a cambiar su vida drásticamente tras un fatal accidente.
Así, en plena huida y en el intento por reencontrarse, Alejandro llega a una playa donde lo más importante es el surf y disfrutar plenamente de cada momento.
Pero como nada de eso llega solo, Alejandro se enamora de la novia del narcotraficante de la localidad, conocido como El Tigre, quien no duda en hacer valer su ley para recuperar a su amada.
“La historia tiene que ver con la idea de mostrarle a la gente que existe un mundo afuera de su burbuja, que hay momentos de la vida en que hay que arriesgarse y enfrentar las cosas alejados de la comodidad a la que estamos acostumbrados.

Es una historia de amor, encerrada en este mundo de poder, de gente rica, de indígenas purépechas, de surfistas, de narcos y con el ejército muy metido en todo esto.
En estos años, yendo a surfear, siempre me topé con este entorno, pero quise poner un romance y a un pez fuera del agua, que es el chavo del DF que llega a la playa”, explicó el realizador a rodando CINE.
Para la película, Lebrija logró que actores como Miguel Rodarte, Raúl Méndez, Alberto Estrella, la colombiana Martina García, José María de Tavira y el australiano Craig Mclachlan formaran parte de su reparto; además de que contó con la participación de Mike Prickett, fotógrafo especializado en escenas submarinas, indispensable para las tomas del surf.

“Tratamos de crear un equilibrio entre actores experimentados con jóvenes que empiezan, además de que le dimos oportunidad a muchas personas que no son artistas, pero que cuadraban con el perfil que estábamos buscando”, agregó Lebrija, quien espera demostrar que el cine juvenil no está peleado con las buenas historias.
Lebrija quiere estrenar la película en el marco del V Festival Internacional de Cine de Morelia, aprovechando que gran parte se rodó en el estado de Michoacán.
“Mucho de lo que filmamos fue en la costa michoacana, concretamente en la playa conocida como “La Ticla”. Fue algo complicado estar en ese lugar, pues es semi virgen, casi no hay servicios, no hay hoteles de lujo, no hay señal de celular, mucho calor, tener que coordinar a un equipo de trabajo de 100 gentes….fueron condiciones rudas” dijo el cineasta, quien a pesar de lo sufrido que fue filmar en la playa, dice que el esfuerzo valió la pena.















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