
MORELIA.- ¿Película romántica? ¿Documental? ¿Videoclip? ¿Cine-reality? Todas las anteriores y algo más.
Cumbia Callera es una original, atrevida y atípica película mexicana que retoma la vida de tres adolescentes regiomontanos La Cori, (Fernanda García Castañeda), El Neto (Oliver Cantú) y el Güipirí (Andul Zambrano) inmersos en la subcultura de cholos, que se generó hace más de tres décadas en el norte del país, como parte de las influencias que ha cobrado en los jóvenes la música colombiana, siendo Celso Piña uno los máximos exponentes de este movimiento músico-social.
En la “Colombia regiomontana” como se le denomina a esa región franja del norte de México, el director expone a partir de una historia de amor, el estilo de vida que han decidido retomar distintos grupos de jóvenes, para darle voz a una población que a lo largo de la historia de nuestro país ha sido desfavorecida y marginada.
La trama gira en torno a un joven aficionado al video que un día graba a una chica que le llama la atención y comienza a seguirla. De inmediato descubre que tiene novio, pero eso no lo disuade de continuar grabándola y utilizarla en videoclips musicales en los que la presenta como a una diosa del baile.
Para la realización del filme, concebido inicialmente como un cortometraje, se hizo una selección tanto de actores como de músicos.
“Hay muchos cantantes locales, gente más auténtica, subterránea y representativa de este género”, relató el director.
El realizador René Villareal explicó a rodando CINE que su largometraje es el resultado de una laboriosa investigación en torno a este grupo de gente que está expuesto todos los días a la música de Colombia, es decir, a las cumbias.
“Es un género que caracteriza, musicalmente hablando, a estos grupos y del cual ha devenido todo un movimiento y un ambiente que quise plantear de forma muy fiel con respecto de lo que sucede cotidianamente en algunas partes del norte de México, como en ciertas zonas de la ciudad de Monterrey. En este sentido, decidí no traicionar el espíritu de estos jóvenes independientemente de la violencia y las drogas con las que constantemente se les relaciona”.

Durante casi dos horas el cineasta que trabajó como asistente de dirección de cintas como Los Tres Entierros de Melquiades Estrada, Blow, Deep Blue Sea, Bandidas, y Bordertown, relata un inusual triángilo amoroso, prácticamente sin diálogos, donde el hilo conductor es, por supuesto, la pegajosa y cadenciosa cumbia, suficiente para ir relatando la historia.
“Las películas en general tienen gente que habla demasiado, se dicen muchas cosas que no son necesarias. Una buena película se puede hacer sin hablar tanto”, opinó Villareal.
Ambientada en las colonias pobres de Monterrey, la película “es una historia provinciana, no es un cine del Distrito Federal (la capital del país), porque habla justo de una localidad y una comunidad muy particular”.
En este renglón, acotó el director, “espero que con mi cinta se puedan enorgullecer estos jóvenes y que la subcultura deje de ser marginada y segregada”.
Bajo este planteamiento, la película es una forma de apostarle a la “diferencia”, señala Villarreal, para mí como cineasta de tercer mundo es importante hacer un cine distinto que me pueda acercar a mí sociedad, no me interesa hacer películas como las de Estados Unidos, nosotros somos diferentes y nos toca hacer lo contrario a ello, abordar las historias por las que somos distintos a los gringos”.
Sobre el nacimiento de la cumbia mexicana con influencias de Colombia, el director de Cumbia Callera apuntó que “existen varias teorías al respecto que indican que hace poco más de treinta años se hacían bailes en estas colonias populares de Monterrey, pero la gente no tenía para contratar grupos, lo que hacían era pagar a los sonideros, jóvenes que ponían cumbias grabadas para que las personas bailaran, entonces de ahí se genera todo este proyecto”.
En relación a los temas musicales, el cineasta refirió “que todos fueron compuestos por un músico regiomontano más conocido como El Chino Mitotes, pero también participó Celso Piña en un treinta por ciento con los temas, porque él era como la opción más natural ya que él ha sido como la punta de lanza de este movimiento, el más representativo y el más conocido en este género, por eso me pareció que era como el obligado para formar parte del elenco”.
La banda sonora fue creada especialmente para expresar los sentimientos de los personajes principales.
La cinta, que contó con un presupuesto de ocho millones de pesos, no tiene hasta el momento distribución nacional; sin embargo ya están pensando en lanzar a la venta el soundtrack, que encabeza Celso Piña y su Ronda Bogotá.















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por que no mencionan que una de las canciones es de un joven llamado javier lira que vive en monterrey n.l. no creees