Kathryn Bigelow, única directora que busca el León de Oro en la sección oficial, ha hecho algo de ruido con The Hurt Locker en la recta final de la Mostra.
En contra parte, la segunda cinta de autor africano en competencia, Gabbla de Tariq Teguia, se encargó de dejar sin público la sala de proyección.
The Hurt Locker ha generado muchos comentarios y no pocos encontrados.
No está la cosa este año en Venecia para andar despreciando incluso mediocridades.
Quizás si esta cinta sobre un grupo de soldados norteamericanos desactivadores de bombas en Irak, adictos a la tensión del riesgo a saltar en pedazos, se hubiera presentado en otro certamen de mayor nivel hubiera pasado con bastante más pena que gloria.
Pero aquí nos podemos permitir prestar atención a Bigelow y sus heroicos guerreros “enganchados” al subidón de adrenalina cuando se tiene cerca un artefacto terrorista.
Esta hormona no es nueva en la trayectoria de una cineasta que llevaba seis años sin dar señales de vida en las salas, desde que dirigió a Harrison Ford en K 19: The widowmaker.
The Hurt Locker no es totalmente una ficción.
Su guionista y productor, Mark Boal, reportero de Playboy, estuvo en Irak con las tropas en los primeros momentos de la invasión y sabe de qué habla.
La película no engaña.
No pretende ser un reflejo fidedigno de la situación, porque se centra única y exclusivamente en ese grupo militar de élite. “Que el espectador se sienta dentro de sus zapatos”, ha dicho el reportero, quien ya fue coguionista de In the Valley of Elah. O sea todo lo demás no importa. Ni los “terroristas” ni sus motivaciones, tampoco qué piensan los irakíes de a pie, que son simples “extras” huyendo despavoridos de unos y otros.
Bigelow, aunque en Venecia se ha manisfestado por la salida de las tropas -ha dicho que sólo Obama podría lograrlo-, tiene claro quiénes son los “buenos” de su historia, y así los trata. No hay dudas finalmente sobre su sentido del heroísmo y el deber. Encima la resistencia irakí es cruel y cobarde.
“Casi no hay imágenes sobre esa guerra en mi país -decía la cineasta- y por eso quise hacer esta película”. Luego añadía: “Pienso que mi representación es verdadera, realista y precisa”… (¡Ups!).
Si es evidente que fuera de Argelia y países de la región vemos poco futuro a Gabbla del director Tariq Teguia, un drama de más de dos horas, lento hasta la agonía, sobre un topógrafo que se pasea por el desierto argelino (sus paisajes son lo mejor de la película) haciendo mediciones, y allí entra en contacto con el conflicto entre grupos terroristas islámicos y el ejército argelino, y de paso se plantea ayudar a una emigrante ilegal a llegar a la costa para alcanzar desde allí Europa.

















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