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Rodando CINE | December 18, 2014

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“Pietà”, la sutil seducción visceral de Kim Ki-duk gana el León de Oro en Vencia

KimKi-duk

Calificada por Michael Mann, presidente del jurado de la 69 edición del Festival de Venecia como una película que “seduce de manera visceral”, “Pietà” del cineasta coreano Kim Ki-duk, fue la película que se llevó el León de Oro, máximo galardón de la Sección Oficial del certamen. La película relata la vida de un violento joven que cobra las deudas de la gente y que un día tiene la opción de redimirse cuando se encuentra con una mujer que dice ser su madre.

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“Pietà” de Kim Ki-duk

La contienda por el León de Oro fue muy reñida, está película de Ki-duk fue de las que más dividió al público, muchos apostaban a que “The Master” de Paul Thomas Anderson sería la triunfadora pero “Pietà” fue la que de forma sutil, sedujo a gran parte de los miembros del jurado. Los comentarios que destacan en relación a la película de Ki-duk son el de Deborah Young del sitio web The Hollywood Reporter, quien describió a la cinta como “intensa y extremadamente violenta durante la primera hora que se convierte, de manera inesperada, en un estudio psicológico”. También Dan Fainaru de Screen International mencionó que, “con un inicio espeluznante y un entierro al final, esta no es una película ligera o que se pueda disfrutar fácilmente”.

Kim Ki-duk ha señalado en relación a su cinta:

 El dinero pone a prueba a las personas que se encuentran dentro de una sociedad capitalista, y en la actualidad la gente está obsesionada con la fantasía de que el dinero puede resolver cualquier cosa. El dinero provoca la mayoría de los problemas de hoy en día. En esta película, dos personas que dan y reciben dinero a causa del dolor, se encuentran y se convierten en familia. Es a través de esta familia que nos damos cuenta de que nos hemos vuelto cómplices de todo lo que sucede en esta época. El dinero nos hará preguntas tristes hasta el día en que mueran las personas de esta era. Al final, terminaremos por convertirnos en dinero para los demás y en plantar nuestras raíces en el asfalto. De nuevo estoy gritando al cielo el día de hoy, con fe escasa: “Dios, ten piedad de nosotros”.

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