Muy pocas veces he deseado la llegada del fin de semana para poder asistir a una sala de cine, pero esta sería una de aquellas semanas, la realidad es que siempre me he sentido atraído por las historias bien contadas, realizadas y adaptadas.
Por ello, en cuanto me leía la cartelera de la semana sentado en un colectivo que viajaba hacia el sur de la Ciudad, pensé que debería aprovechar ese largo viaje para dar una vuelta por esos rumbos.
Para ver el trabajo que el director Julian Schnabel había realizado con la novela de Jean-Dominique Bauby, titulada: “La scaphandre et le papillon”.
Y es que se necesita ser un genio en esto del cine para que la historia se logre y llegue a un exitoso término, sobre todo, por como el autor de la novela realizó el libro.
Acerca de la novela
No los quiero aturdir con fechas, eventos conmemorativos del autor y demás, pero si me gustaría que antes de asistir a ver este trabajo, lo hicieran para que fueran más empapados del cómo se realizó en un principio el libro y ahora como el director de la película logró en verdad un gran trabajo.
Bauby nace en París en el 52, aprendió periodismo en Le Quotidien, profesión que lo llevó en 1991 a convertirse en Director de la Revista Elle, asumiendo el puesto y sus responsabilidades sin saber que años más tarde la vida lo pondría a prueba.
Bauby quien era un hombre agitado y cáustico, debido a su profesión, soñaba como muchos de sus colegas en redactar un libro, soñaba con realizar la versión femenina de “El Conde de Montecristo”.
El año 1995 sería determinante para su existencia, la vida le acercó a otro personaje de la novela de Dumas: el viejo Noirtier, un paralítico que se comunicaba con el guiño de su ojo.
Ahora le tocaría interpretar ese papel por ser víctima de la enfermedad bautizada por neurólogos anglosajones como Locked-In Syndrome, originada por un accidente vascular o un traumatismo que rompe la comunicación entre el cerebro y las funciones motrices que lo postraron en una cama durante veinte días a causa de un coma.
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